martes, 1 de enero de 2013

Capitulo 2


Me encontraba corriendo por los pasillos del colegio, haciendo a un lado a la gente para huir lo más rápido que podía de allí. Era una cobarde, estaba escapando de la persona que quizás de verdad me quería pero tenia tanto miedo de confrontar mis temores internos frente a esos ojos azules que prefería escapar.

-       ¡Debra espera!- grito Will.

Lo escuche a pesar de los gritos y risas que se oían en el pasillo. La piel se me escarapeló y corrí aun más  rápido. Quería estar sola, ensayar lo que iba a decirle y luego enfrentarlo, pero él no me dejó ir muy lejos. Fue cuestión de minutos que me alcanzara y tomara de la muñeca, impidiendo que corriera. Gire para zafarme de su agarre cálido pero me encontré con esos ojos azules que me hipnotizaron por unos segundos. Agache la cabeza llena vergüenza  mientras sentía como mis mejillas se tornaban rojizas, trate de soltarme nuevamente sin decir nada, como una niña pequeña, pero el simplemente no me soltó. Sin previo aviso me abrazo con sus fuertes brazos, contuve el aliento durante unos segundos, sintiendo su pecho subir y bajar debajo de mi rostro y luego cedí como una muñeca de trapo presa de ese encanto irresistible. 

-         ¿Qué es lo que te hace huir de mi? – preguntó mientras yo pegaba aun más el rostro a su pecho y sentía su colonia y su calor. “Todo” pensé temerosa pero no pude decir nada por un largo momento. Trate de buscar todo el valor para decirle lo que sentía, me obligué a sacarlo para no quedar como una tonta frente a él.
-         Me aterra…-inicie pero la voz se me corto al darme cuenta que lo que iba decir sonaría muy infantil y casi patético.
-         ¿Qué? – insistió Will. Me aleje de él y me obligue a  levantar la mirada con la poca valentía que me quedaba. Lo enfrente directamente a los ojos sin dejar que me hipnotizaran, suspire con fuerza y hable.
-         Me aterra que te estés confundiendo de persona, que al final te des cuenta de que es de Carrie de quien estas enamorado y no de mi. – hable rápidamente. Will se acerco a mi y tomo mi rostro entre sus dos manos haciendo que no pudiera bajar la mirada. Negó con la cabeza una vez, seguido a ello beso mi frente y luego pego la suya contra la mía sin soltar mi rostro. En ese momento deje de escuchar a las demás personas, fue como si solo los dos estuviéramos solos en ese pasillo.
-         Yo me he enamorado de la chica tímida que se esconde entre los libros, a la que le gusta ir caminando a casa solo para ver a las ardillas pasar por los cables de electricidad, la que ama a los gatos y detesta los deportes. No me he enamorado de la chica popular sino de ti, Debra Leif…de nadie más.
-         Pero ellas es…
-         Simplemente ella no es tu y por eso no es la indicada…
-         ¡Debra levántate! – escuche un susurro que me hizo regresar a la realidad.

Me obligue a abrir los ojos, dejando de lado los recuerdos de Will y me encontré con Alaric a pocos centímetros de mi. Estaba sentada en el piso de algún lugar desconocido, apoyada a una pared fría, Alaric tenia las manos ajustando mis brazos, como si me hubiera estado moviendo repetidas veces para levantarme. Un ligero brillo se dejo ver en sus ojos oscuros cuando desperté. Abrí la boca para preguntarle donde estábamos pero él me la tapo con una de sus tibias manos para que no gastara mis fuerzas. Negó con la cabeza y se alejo ligeramente para que pudiera descubrir donde nos encontrábamos. Pronto los olores y sonidos se hicieron nítidos para mi, olor a medicamentos y el pip de las maquinas delataron que esto era  un hospital además de la decoración de la habitación, paredes blancas y el suelo de mayólicas frías, también había una cama en el centro y maquinas alrededor de ella. Me esforcé en levantarme del piso para poder observar quien estaba allí pero lamentablemente mi cuerpo estaba muy débil aun.

-       Escúchame bien.- habló Alaric mientras me agarraba de los codos y con un movimiento rápido y fácil me ponía de pie y me apoyaba contra la pared. Lo mire a los ojos con nerviosismo por la cercanía que se generaba entre nuestros cuerpos. – Solo llama a Adamis y que los instintos te guíen. – habló y el miedo comenzó a apoderarse de mi.- No pienses Debra, solo déjate llevar, la primera vez siempre es la más difícil. – prosiguió y recordé lo que tenia que hacer para que mi corazón volviera a latir.

Con las fuerzas que me quedaban negué con la cabeza y estire el cuello para poder observar a quien estaba en la cama. Alaric me atojó con su cabeza y tomo mi rostro entre sus dos manos. Lo mire a los ojos y una sensación de reconocimiento me invadió. ¡No, él no es Will, él no es Will! Gritó mi subconsciente horrorizado al darse cuenta de lo que estaba pensando.
No le va doler. El esta ya casi muerto. Hablo impaciente Adamis, obviando mis pensamientos. Trague saliva y mire el anillo en mi mano. Solo será una vez me mentí por que sabia que no seria la ultima vez que lo haría si aun seguía pensando en Will.

-         Adamis.- susurre.

El anillo reacciono a su nombre al instante, sentí su palpitar y luego como algo rodeaba mi cuerpo por completo. Alaric se alejo de mi ligeramente, siempre vigilando mis movimientos por si algo me pasaba. Camine torpemente hacia la cama y observe a un anciano con un tubo en la tráquea e infinidad de cables saliendo de sus brazos y pecho. Aun que quería gritar y escapar no pude hacerlo, Adamis tenia completa potestad sobre mi cuerpo. Acaricio el rostro de aquel anciano con mi mano y seguido a ello acerco mis labios a su boca. Pensé que llegaría a besarlo pero en vez de eso solo inhaló por mi boca profundamente. Sentí en mis labios un frescor acompañado de un sabor dulce que recorrió cada parte de mi cuerpo como un latigazo. Fue como si mis pulmones y todo mi cuerpo se inflaran llenos de vitalidad. Comencé a sentir mis manos tibias y un golpe ligero en mi pecho me hizo caer en la cuenta que era mi corazón.  Sentí como Adamis satisfecha dejaba de poseer mi cuerpo pero yo simplemente quería más, quería consumir todo lo que tenia ese anciano para sentirme mejor porque no estaba satisfecha, aun el latir de mi corazón era débil, mi respiración era entre cortada  y no me sentía del todo fuerte.  Me acerque aun más al anciano lista para hacer lo que me había enseñado Adamis.

-         ¡Debra para!- hablo Alaric  mientras me tomaba de la cintura y me alejaba de la cama con rapidez. – necesita lo poco que le queda para poder morir y descansar en paz. Si lo matas será un condenado. - prosiguió alterado. Trate de zafarme de su agarre pero tenia las manos enredadas en mi cintura haciendo que alejarme fuese imposible.
-         Pero quiero más.- hable con voz ronca y necesitada.
-    Vas a tener que esperar.- dijo con voz neutra y escuchamos como los pitidos de las maquinas mostraban que aquel hombre estaba muriendo.- salgamos de aquí- prosiguió y me soltó de la cintura solo para que tomara una de mis manos con fuerza y me sacara de la habitación con rapidez.

No sabia que hora era pero parecía tarde. Las luces de los pasillos estaban en su mayoría apagadas y no había nadie caminando por allí. Sin embargo, los médicos comenzaron a llegar cuando nosotros ya nos alejábamos, no pude verlos pero si los oía con tanta claridad que daba miedo, era como si estuvieran detrás mío a pesar de que estaban a más de 100 metros de nosotros.
Después de caminar por muchos pasillos que Alaric parecía conocer bien llegamos hasta las puertas plateadas de un ascensor, cuando estas se abrieron me quede helada. Aun me seguía sorprendiendo mi nueva imagen ligeramente gótica pero lo que más me sorprendió fue que estaba cambiada, unos jeans negros se ajustaban a mis piernas y un top del mismo color cubría la parte superior de mi cuerpo dejando al descubierto mis brazos. Mis ojos se abrieron como platos  y miraron a Alaric con indignación. El observo mi expresión tratando de averiguar que significaba y cuando se dio cuenta al mirarme por el espejo, solo sonrió y se encogió ligeramente de hombros. Quise gritarle pero preferí guardar mis fuerzas para después, no quería desmayarme nuevamente con él cerca.  Apretó el botón que nos dirigiría al sótano, se apoyó en una de las barandillas y me miro nuevamente. Suspire sin poder evitarlo y lo mire con odio mientras cruzaba mis brazos a la altura de mi estomago.

-     Tranquila, Camille te cambió. – hablo despreocupado cuando el ascensor se cerro por completo. Fruncí el seño sin entender a quien se refería pero no dije nada. En otro momento hubiese sido lógico que me enfureciera o hasta estuviera avergonzada pero ahora solo podía pensar en alimentarme y hacerme más fuerte– ya lo entenderás cuando lleguemos a casa. – prosiguió.
-      Sigo débil.- proteste con molestia. No quería regresar quería comer. – Necesito más. – Alaric se encogió ligeramente de hombros y comenzó a girar el anillo que tenia en el dedo distraídamente.  A diferencia del mío este solo era plateado con una fina línea negra en el centro. Odelis, ese era el nombre que utilizo para controlar a  Adamis y estaba segura que era el nombre del que vivía en ese anillo.
-         Nada cambiara si sigues pensando en ellos.- habló cortando mis pensamientos. Lo miré a los ojos y suspire. Agradecí íntimamente que pudiera respirar aun que débilmente, era realmente un alivio saber que ya no estaba del todo muerta.
-          Por favor.- suplique y él puso los ojos en blanco y resoplo molesto.

 El ascensor se abrió sin darnos cabida a discutir. Alaric comenzó a caminar delante de mí con zancadas rápidas y decididas mientras se adentraba a un estacionamiento completamente  oscuro. Me quede un instante quieta mientras las puertas del ascensor se cerraban y nos dejaban en penumbra. Al principio no pude ver casi nada pero a medida que caminaba descubría las siluetas de los carros y hasta distinguía el color de ellos. Mi vista había mejorado notablemente en todos los sentidos. Sonreí sin que Alaric me pudiera ver, tal vez esta vida no seria tan mala después de todo.  Alaric saco unas llaves de su bolsillo y abrió la puerta del copiloto de un auto plateado que estaba al final del estacionamiento. El auto no era feo pero tampoco parecía muy moderno.

-     Pasa.- habló y sin decir nada entre al auto. Olía a colonia mesclada con cigarrillos, un aroma muy embriagante para mi gusto. Alaric cerro la puerta tras de mi y en menos de un minuto ya estaba sentado a mi otro costado.
-       Bien.- dije esperando que me dijera a donde iríamos ahora. Alaric suspiró, prendió el auto con tranquilidad y luego me vio por unos segundos mientras este calentaba.

Sus ojos brillaron al clavarse en los míos, ese halo plateado resplandeció inhumanamente y sentí como en mis ojos algo despertaba. Cautivada por su mirada, sentí tarde cuando posiciono sus manos en mi rostro y me atrajo a centímetros de él. Estaba  simplemente paralizada por lo repentino que había sido esta cercanía entre nosotros. Enarco ligeramente las cejas y me miro con más intensidad que nunca.

-         Adamis, has que se olvide de el, solo así podrás consumir más.- dijo con una voz ronca que no era la de él.
-         No…-susurre mientras sentía como Adamis comenzaba a recubrir mi cuerpo con esa niebla invisible. Los ojos de Alaric volvieron a ser los mismos pero ya era tarde, yo ya me estaba desvaneciendo en la inconciencia. - Por favor- hablé y con la poca fuerza que me quedaba le toque ligeramente la mejilla. Mis yemas tocaron su rostro terso mientras pronunciaba esas palabras. - no quiero ir de nuevo allí.- susurré pero mi esfuerzo había sido tal que no necesite que el me obligara o que Adamis hiciera mucho esfuerzo, mi cuerpo solo se comenzó a  ir una vez más.
-         Es la única forma.- dijo con algo de tristeza. Quise gritar o hacer lo que fuera necesario para no desmayarme otra vez pero Adamis tomo el control de mi cuerpo por completo e hizo que la oscuridad me embargara.

Lo primero que vi fue una neblina brumosa que no me dejaba ver nada, había también una ligera y fría brisa que me ponía la piel de gallina y una sensación extraña bajo mis pies....como sí estuviera pisando hierva mojada. Baje la vista y descubrí que estaba descalza y efectivamente debajo de mis pies había hierva verde con flores pequeñas de color amarillo que me recordaban al prado al que iba de pequeña con mamá. Camine en busca de alguna referencia para saber donde estaba pero la neblina no me dejaba ver más que los dedos de mis pies y la tenue luz del día. Estaba algo confundida y tuvieron que pasar unos minutos para que recordara lo que Alaric me había hecho y la forma en que Adamis se había comportado. Ahora entendía donde estaba. La rabia se apoderó de mi y grite con todas mis fuerzas el nombre de Adamis. Como eco resonó en todos lados y poco a poco la bruma comenzó a disiparse como si tuviera vida y llegara a tenerme o mejor dicho respetarme. La bruma me hizo un camino zigzagueante que me dejaba ver a lo lejos un lago, algunos árboles y a menos de 10 metros una gran roca. Caminé y a medida que lo hice encima de la piedra se comenzó a ver la silueta de alguien. No tuve que adivinar o acercarme más, sabía bien que era Adamis en su forma humana, simplemente lo sentía. Miraba de perfil al lago con tranquilidad. Podía ver su delgada contextura, tapada con un vestido ligero y blanco que colgaba hasta sus pies, tenía facciones delicadas que a simple vista parecían inofensivas y un cabello rubio, ligeramente ondeado que le caía hasta los hombros. 

-      Adamis - susurré y ella giró para verme. Saltó de la piedra y camino hacia mi con gracilidad y una mirada triste. 
-       Hola- susurro cuando estaba a centímetros de mi.

En ese momento y sin decir nada aún, pude observarla mejor. Tenía pulseras de oro en sus brazos, como si fueran serpientes. Su vestido era largo y se agarraba sólo en un hombro. El vestido me recordó a la época de los gladiadores, en donde las damiselas se vestían de esa manera tan sencilla pero a la vez ostentosa por las joyas. En seguida recordé también las palabras de Alaric. Amplié los ojos en son de alarma y me aleje de Adamis con rapidez y algo de torpeza.

-         No te me acerques – susurre con temor. Ella asintió con la cabeza y comenzó a observar el paisaje. La bruma ya se había disipado casi por completo y dejaba ver el hermoso prado.
-         Lindo lugar.-  dijo obviando mi hostilidad. – ¿es uno de tus recuerdos favoritos verdad?- preguntó. Por alguna razón sentí pánico al escuchar sus palabras.
-      ¿Me vas a borrar mis recuerdos? ¿Puedes hacer eso? – pregunte rápidamente y notablemente asustada.

Adamis negó con la cabeza y camino hacia uno de los arboles más cercanos. Comenzó a pasar las manos por el aire como si este pesara, giro y giro el cuerpo y comenzó a reír como si estuviera fuera de si mientras daba saltitos de alegría y parecía bailar.

-       Son los recuerdos más bonitos que he visto en muchísimo tiempo. No quiero borrarlos- habló mientras negaba con la cabeza- No me importa lo que diga Odelis, no lo hare…sin embargo, los recuerdos te hacen débil y en esta vida no puedes permitirte eso. No borrare tus recuerdos, los guardare. – concluyó mientras me observaba con intensidad y se acercaba a mi.

Sus palabras me dejaron helada y tan desprotegida que ni si quiera quise moverme, solo deje que se acercara hasta posicionarme a unos centímetros de mi. Tocó mis hombros y me miro a los ojos, en ese instante me sentí minúscula, recordé el día que mi madre hizo lo mismo para decirme que estaba con cáncer y ya no había nada más que hacer, iba a morir. Esta era una sentencia y tenia que acatarla pasara lo que pasara después. Trague saliva y sin decir ni una sola palabra sentí como mis lagrimas caían poco a poco por mis mejillas. Por lo menos aquí si podía llorar. Me dije a mi misma a modo de consuelo.

-         ¿Me va doler? – pregunte en casi un susurro. Adamis negó con la cabeza y me toco el rostro con cariño.
-         No sentirás nada Debra.- fue lo ultimo que escuche mientras cerré los ojos.

Mis parpados aun estaban cerrados cuando desperté y lo primero que vi fue una luz fuerte que parecía roja a través de mis parpados. Me tapé con la sabanas y por un instante sentí que  estaba en casa. Abrí los ojos de golpe y recordé quien era ahora y exactamente donde estaba. Me levante ligeramente, destapando solo mis ojos y descubrí que estaba nuevamente en mi nueva habitación pero no estaba sola. A mi costado derecho, justo donde estaba el espejo, había una muchacha parada, esbelta y de piel cobriza, el cabello negro lo tenia un poco más largo que el mío y en ligeras ondas. Vestía con una blusa blanca suelta y pantalones negros ajustados. Tenia unos ojos oscuros y una sonrisa ligeramente picaresca.

-         Al fin despertaste.- habló con alegría y dio una ligera palmada. En ese instante vi el anillo que tenia en la mano izquierda, subía desde su dedo anular como una pequeña enredadera hasta su muñeca, allí se enrollaba como una serpiente. Asentí con la cabeza. – creo que ya puedes hablar.- prosiguió y yo sonreí tímidamente.
-         Eso me gusta.- dije escuchando mi voz mucho más fuerte. Ella sonrió y su sonrisa cálida me dio confianza.
-        Has dormido 3 días, ya  estaba algo nerviosa, me alegra que estés despierta. Alaric no debió de hacerte eso sin tu consentimiento.- habló rápidamente mientras yo ponía mala cara al escuchar ese nombre.
-        Lo se.- dije con frialdad-  pero de todos modos, tenia que conocer a Adamis.-  continúe. Ella abrió la boca y los ojos como si estuviera sorprendía. Asintió con la cabeza.
-         Entiendo, así que así fue. – dijo algo pensativa, asentí con la cabeza y me quité las sabanas de encima. Descubrí algo incomoda que ahora tenia otra ropa, una pijama de color blanco que constataba de un short y polo.
-        ¿Tu debes ser Camile, verdad?- pregunté y ella asintió con la cabeza mientras sonreía como una niña.
-         No volveré a cambiarte, lo siento.- dijo y yo asentí con la cabeza.- ¡Alaric!- gritó con fuerza y mis tímpanos rezumbaron.- ¡Debra ya esta despierta, ven! – gritó nuevamente. Alaric apareció en menos de un minuto en el lumbral de la puerta, me observó cauteloso. – ella entiende que fue la única manera de presentarle a Adamis. No esta molesta- aseguró. Alaric la miro por unos segundos extrañado pero luego asintió con la cabeza y me observó a mi con esos ojos oscuros que llegaban hasta el alma.
-         De todas maneras lo lamento.- habló. Negué con la cabeza.
-         Gracias a ti estoy más fuerte, no hay nada que lamentar.- dije y el asintió. Camile aplaudió con las manos nuevamente.
-      Iré a decirles a todos, están ansiosos por conocerte Debra- dijo y salió de la habitación dando saltitos y haciéndose paso por el costado de Alaric. Alaric puso los ojos en blanco por unos segundos.
-         A veces es algo insoportable.- dijo y se acerco a mi.

Hoy vestía de negro como las anteriores veces pero se veía menos tenso y por ende parecía más amigable. Caminó hasta mi cama y se sentó en el borde mientras yo me recostaba.

-         ¿Estas lista para saber lo que somos?- preguntó y yo asentí con la cabeza.



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Feliz año, espero que la hayan pasado genial y que este 2013 sea perfecto para ustedes.

Gracias por los comentarios, espero que sigan leyendo mi historia y que pasen la voz para que otras lectoras también puedan leerla.

Ela! Por su puesto que te recuerdo, jamás de los jamases olvido a una lectora :D espero darme un tiempito para leer tus nuevos escritos. Gracias por comentar, espero que este capitulo también te guste.

MJ Cardenas! No sabes cuan feliz me hace leer tu comentario, por mucho tiempo pensé que ya no podía escribir por que simplemente no llegaba a concluir ningún relato. Me alegra que una de mis lectoras diga que aun sigo teniendo eso. Espero que la historia te atrape como las otras que escribí :D

Celeste!  Me encanta haber regresado, prometo no irme ahora. También me gustan las preguntas jaja, como desearía decirte quienes son los personajes con detalle y que pasara pero eso haría que la historia pierda el encanto jaja, lo único que puedo decirte es que el siguiente capitulo estará interesante :D.

Espero que hayan más lectoras que se animen a comentar, yo contestare todos sus comentarios. Por cierto, hace unos días Dana se comunico conmigo para saber si seguiría Valentina y los Carontes, si voy a hacerlo pero estoy retocando la historia así que tardara un poquitín.

Saludos a todas y feliz años,

Luciana B. 







miércoles, 26 de diciembre de 2012

Capitulo 1




La autopista bordeaba las montañas boscosas que daban a profundos acantilados hasta llegar al mar. Observé pegada a la ventanilla del auto como a unos 100 metros o quizás más nos separaban de la zona rocosa y de las olas amenazantes que chocaban con fuerza. Miré a mi izquierda y el bosque y el mar aterrador desaparecieron al ver las perfectas facciones de Will. Esa cabellera que caía en rizos dorados, sus ojos con tonalidades azules, su piel tostada, el lunar al inicio de su mandíbula, su nariz perfilada y esos labios ni finos ni carnosos solo deseables. Mirarlo era un deleite personal, ver los músculos de sus brazos tensarse con gracilidad al hacer giros con el volante del auto, observar como su pecho se movía con cada respiración...

Will sonrió ligeramente, demostrando que aun que tenia la vista en la autopista sabia que yo lo miraba. No era una sonrisa maliciosa sino de felicidad. Mi piel se torno ligeramente rosa mientras sonreía tontamente. Will giro ligeramente y me guiño un ojo, fue suficiente para entender que  me deseaba tanto como yo a él.  

-      ¡Búsquense un hotel! – Gritó Carrie desde atrás y se interpuso entre nosotros. Su melena castaña cayó como una cascada, separandonos. Me miró con sus ojos verdosos brillantes mientras me sonreía con malicia y prendía la radio a todo volumen.

Mi rostro se puso de un color carmesí mientras oía a la entrometida de su amiga Ana reír detrás de mi. Carrie te voy a matar pensé mientras la fulminaba con la mirada. Mi hermana pareció no darse cuenta de mi molestia, sonrió ampliamente, esa sonrisa maliciosa que la caracterizaba y la hacia tan diferente a mi a pesar de ser mi gemela. Comenzó a cantar junto a Ana como si nada hubiera pasado. Resople furiosa y mire al frente mientras sentía que mi cara regresaba a su color habitual. Segundos después sentí la mano de Will sobre mi rodilla izquierda y mi estomago se tenso al instante, observé su mano y luego ligeramente subí la mirada hasta su rostro. Sus ojos me observaron con amor.

-   Hey, será cuando estés lista.- habló en un susurro mientras observaba mis ojos y me sonreía tímidamente. Puse mi mano sobre la suya sin temor o vergüenza y la ajuste a modo de agradecimiento. No dejaría que mi hermana malograra este fin de semana con sus comentarios sobre  sexo.

-      ¡Will cuidado! – chilló Carrie y todo fue repentinamente rápido.

No fue culpa de Will, el jamás hubiera sabido que venia una curva cerrada sino hubiera sido porque me estaba tranquilizando como a una niña pequeña. Fue mi culpa. Will giro el volante con violencia mientras Ana y Carrie gritaban con desesperación. El movimiento brusco combinado con la velocidad del auto solo hizo que este perdiera el control. Comenzamos a dar vueltas de campana mientras nos golpeábamos brutalmente. Todo pasaba tan rápido que solo podía atinar a gritar llena de horror al ver que un cuerpo salía volando por la luna delantera. Carrie estaba sin cinturón pensé por solo un segundo hasta sentir la caída vertiginosa por el acantilado. Sentí un dolor profundo en todo el cuerpo al momento de chocar contra las rocas, mi cabeza choco brutalmente contra el tablero y eso me dejo por unos segundos mareada mientras mi vista se tornaba roja. Por Dios, es sangre. Cerré los ojos presa del dolor y el miedo, y me obligué a abrirlos al sentir el primer choque brutal de una ola contra el auto. Trate de salir desesperada mientras sentía como el agua helada se colaba por las ventanas rotas, pero mis piernas estaban fuertemente aprisionadas.
-      ¡Will! – grite.
Por primera vez después de todo el aturdimiento inicial caí en la cuenta de que no estaba sola. Gire la cabeza a pesar del dolor que esto me producía y busque a mi hermana, a Will y a Ana con desesperación. Carrie no estaba, Ana estaba desparramada en la parte trasera del auto, en una posición poco humana como estar aun con vida y Will… Oh mi Will. La cabeza la tenia apoyada contra el volante del auto, tenia el rostro irreconocible por la sangre y los vidrios.
-      ¡Will! – volví a gritar pero no recibí respuesta.

La siguiente ola choco con más fuerza haciendo que el agua cubriera todo el auto. Aun que trate de aguantar las respiración el agua fue más rápida que yo, entro por mi boca y nariz haciendo que comenzara ahogarme. La sensación de ardor en los pulmones por el agua salada era indescriptiblemente dolorosa. No se cuento tiempo dure, para mi fue un tiempo interminable en el que solo pensaba en que esto era todo, me estaba muriendo y no quería hacerlo así. Deje de moverme a  pesar del miedo que sentía y trague un poco más de agua. Esto es todo pensé al sucumbir ante la oscuridad cuando sentí una mano tirar fuertemente de la mía. ¿Will? Quise abrir los ojos para regresar con el pero ya era demasiado tarde, la oscuridad ya me había acorralado y termino engulléndome por completo.

Desperté tomando una gran bocanada de aire aun que extrañamente no significo alivio alguna, aun seguía sintiendo un vacío infinito en mi pecho como si el aire jamás hubiera logrado entrar. Quise abrir los ojos pero simplemente no pude o tal vez todo estaba completamente oscuro y daba igual. Sentía mi cuerpo tan pesada que no podía moverlo, era como si estuviera debajo de algo que me aprisionaba por todos lados. Comencé a desesperarme, respirando agitadamente una y otra vez pero seguía sin sentir el aire dentro de mis pulmones así que me dije a mi misma que lo que hacia era en vano y no volví a hacerlo más, a mi cuerpo no pareció molestarle mi decisión. Me quede en silencio para escuchar algo fuera o dentro de mi pero no escuche nada. Mi corazón pensé asustada al no oírlo y fue en ese instante que recordé todo.

-      ¡Will! ¡Carrie!- trate de gritar pero de mi boca solo salió un ligero susurro sin aire. Me agite desesperada - ¡Will! ¡Carrie!- volví a decir con más fuerza, desesperada por escuchar sus voces nuevamente, por abrir los ojos y saber que estaban junto a mi.- ¡Will! ¡Carrie!- grite y la voz se me resquebrajo mientras sollozos sin lagrimas hacían que me frustrara más. ¿Estoy muerta? ¿así se siente morir?
-      ¿Recuerdas el accidente? – pregunto una voz ronca proveniente de un hombre. Y a pesar de lo grave que sonaba y lo distante que se escuchaba, parecía sorprendido.
-      Si.- dije temblorosa mientras sentía como se acercaba más y más a mi, hasta sentir el peso de su cuerpo al costado del mío - ¿Dónde estoy? ¿Dónde están? ¿Will esta bien? Carrie…- la voz se me apago al recordar como había salido disparada por la ventana. Un silencio sepulcral se apodero de la estancia en la que estaba y segundos después sentí que alguien me ponía una mano en el rostro, tenia dedos largos y una palma helada, tan fría que dolía.
-      Debra- susurro mi nombre y sentí una punzada dentro de mi. Debía de tener miedo, pero no lo hacia, solo sentía un profundo vacío. ¿Acaso así se sentía la muerte?- Will y Carrie ya no están aquí. – dijo con tranquilidad y sentí como si me dieran una puñalada en el estomago y al mismo tiempo me desgarraran por dentro con un cuchillo. Sabia a que se refería pero no quería creerle.
-      ¿Qué quieres decir con eso? – pregunte con miedo y trate de mover la cabeza para alejarme de él pero no podía, simplemente no podía moverme.
-      Ellos están muertos. – concluyó. Un gemido de dolor salió de mi garganta, como si de verdad me estuvieran matando poco a poco.- olvídate de ellos.- me susurro nuevamente y acaricio más mi mejilla. Esta vez sentí un odio profundo por esa mano que me pedía algo imposible y sin embargo, no quise replicar, no tenia fuerzas para ello. El hombre se alejo de mi. – Tienes una segunda oportunidad. Considérate afortunada.
-      ¿Qué?- pregunte aturdida. Yo quiero morirme.
-      Para que ese corazón vuelva a latir, un alma debes consumir.- recito.- un simple beso bastara y más fuerte te harás. – hubo un prolongado silencio. – Hasta que no consumas ese alma parecerás una muerta errante, no podrás comer ni beber y tampoco podrás hablar, hacerlo te demandara mucha energía.
-      Lo hago contigo.- replique.
-      Ni si quiera mueves los labios.- susurro el. – cuando puedas moverte ligeramente quiero que recites el nombre que esta en el anillo que esta en tu dedo anular, después de eso procura consumir lo que te dije rápido. No quiero que te maten. – Yo quiero morir pensé tan confundida y sin fuerzas que no fui capaz de contradecirle.

No se cuanto tiempo paso si horas, minutos o hasta días, no lo se. Solo se que poco a poco el dolor por perder a mi hermana y a Will comenzó a irse, a destilarse de mi cuerpo hasta que ya no sentí nada. Grite con todas las fuerzas que tenia, harta de esperar a que algo pasara y sucedió. Como si se hubiera roto un cascaron comencé a sentir nuevamente mis extremidades, poco a poco pude mover mis manos y también mis pies. Estoy despertando pensé mientras comenzaba a abrir los ojos. Se como es ver, he visto durante 17 años de mi vida pero esto era diferente, lo veía todo más claro como si estuviera en HD, podía sentir la textura de las paredes blancas con solo observarlas. Podía ver las marcas de la puerta de madera frente mío, cada astilla, cada marca eran registradas por mis ojos. Pestañe un par de veces y comencé a ver la habitación en la que había despertado. Paredes blancas, la puerta rustica de color caoba, una ventana con cortinas cremas que no me dejaban ver más que la nítida luz de una mañana de verano y un espejo, justo al costado de la cama. En el se reflejaba una joven que se parecía a mi pero no era yo, no podía serlo. Ahora soy ella me dije a mi misma al observarme sin poder creerlo aun. Mi cabello largo y en ondas de color castaño ahora era corto, hasta el ras de mi mejilla y de color negro azabache acompañado de un cerquillo hasta mis cejas. Mis labios eran de un rosa muy claro, mis ojos parecían de un gris humo y mi piel estaba tan pálida que parecía un fantasma. El contraste con mi cabello oscuro no ayudaba mucho, era tal que me descuadraba por completo. Comencé a observar mis manos y mis brazos, piel que ya no era mi piel y un vestido de ceda color negro que cubría mi cuerpo desnudo.

Era fácil distraerse con todos los detalles que mis ojos podían captar ahora pero las palabras de ese hombre me hicieron reaccionar en un segundo. Cuando puedas moverte ligeramente quiero que recites el nombre que esta en el anillo que esta en tu dedo anular. Instintivamente observe mis dedos y descubrí que había un anillo en mi mano izquierda. Era grueso con bordes plateados, la parte de adentro era negra y tenia figuras tipo enredaderas de color plata, en el centro había un ojo negro con halo plateado que me miraba, una hoja minúscula de plata lo cubría ligeramente, como si fuera parte de un parpado. Observe mi palma, buscando el nombre del anillo en la parte trasera y allí estaba: Adamis.

-      Adamis.- susurre con voz rasposa.

El anillo reacciono al nombre, fue como si cobrara vida apenas lo dije. Sentí un palpitar proveniente del anillo y un calor infernal me hizo gemir mientras un dolor punzante se apoderaba de mi dedo anular. Se esta fusionando me dije a mi misma mientras el dolor se extendía con más fuerza por todo mi cuerpo. Grite llena de dolor mientras arqueaba la espalda por las corrientes eléctricas que recorrían cada uno de mis nervios y me dejé caer a la cama sin fuerzas. Eres mía, escuché una voz femenina hablando dentro de mi cabeza. La vista se me nublo, me obligué a cerrar los ojos y sin querer inhalé con fuerza. Estoy respirando pensé sorprendida al darme cuenta que mis pulmones se hinchaban de aire, retuve el aire por unos segundos, deleitándome con la sensación de estar llena y luego lo deje ir. No volví a respirar más, fue un segundo que me hizo recordar como se sentía aquello que ya me parecía tan antiguo y casi olvidado.

-      Por fin despertaste, creí que jamás lo harías.- hablo una voz masculina que hizo que abriera los ojos y me sentara en un segundo.

En el umbral de la puerta, ahora abierta estaba un muchacho de cabellera azabache y piel clara. Vestía unos jeans oscuros y una camisa negra que dejaba ver parte de su pecho, tenia un tatuaje de cruz justo en el lado del corazón. Se acerco un poco más, como si mi expresión de estupefacción fuera un deleite para él. Dejo ver su cuerpo en forma y sobre todo ese rostro tan armonioso. Sus facciones se parecían a las de Will de una manera muy extraña. No podía explicarlo bien pero algo en él me recordaba a mi Will aun que no entendía porque. Su rostro era anguloso y tenia las facciones masculinas muy marcadas, su nariz era simplemente perfecta para ese rostro, al igual que esos labios ligeramente carnosos y sus ojos profundos, en el sentido que al verte podían llegar hasta tu alma. Había un halo plateado alrededor de sus iris oscuros. Me sonrió maliciosamente y recordé llena de vergüenza que tenia tan solo esa tela negra tapando mi cuerpo. Rápidamente abrase mis piernas, tapando así la mayor parte de el.

-      ¿Cuánto tiempo dormí? – pregunte tímidamente con la voz aun ronca como si no hubiera hablado en días.
-      Exactamente dos semanas.

La boca se me abrió sin poder evitarlo. Estaba tan sorprendida que no podía creerlo. El muchacho sonrió burlonamente lo que hizo que cerrara la boca avergonzada de mi actitud infantil. Si hubiera estado viva me hubiera sonrojado totalmente pero ahora que no lo estaba el color de mi rostro no cambio.

-      Que no te sorprenda, el sueño significa tiempo de superación.

No quise preguntar a que se refería porque lo entendía bien. Esas dos semanas fueron el tiempo que necesité para superar las muertes de mis dos únicos seres queridos, tiempo necesario para dejar la culpa a un lado y aceptar que tenia una nueva oportunidad. No me pareció raro no haber pensado en mi padre, después de todo él no significo gran cosa en mi vida, siempre pendiente de su trabajo o sus amantes, ni si quiera fue un modelo a seguir. Carrie y yo prácticamente nos criamos solas desde que mi madre murió. Ana por otro lado no significaba mucho para mi, tal vez para Carrie porque  era parte de su grupo de amigas pero yo solo tenia a Carrie y a Will. Una persona solitaria que había necesitado dos largas semanas para superar la muerte de las dos únicas personas a las que amaba. Patética.
Quise suspirar pero mi cuerpo no reaccionó a eso sin embargo, y sin que yo diera el consentimiento comencé a moverme fuera de la cama con torpeza. El muchacho me observo cauteloso.

-      La que mueve tu cuerpo no eres tu.- dijo al fin.

Trague saliva algo nerviosa por los movimientos que mi cuerpo hacia. Toque el piso con los pies y el frio de la madera hizo que mi cuerpo temblara ligeramente. La sensación era extraña, sentía algo frio alrededor de todo mi cuerpo, como un aura fantasmal que me poseía por completo.

-      Lo se.- hable mientras observaba los dedos de mis pies moverse algo entumecidos. Gire la cabeza y observe esos ojos tan extraños y cautivadores.- Es Adamis.- dije como si realmente lo entendiera. El asintió solo una vez con la cabeza y siguió estudiando mis movimientos.
-      Esta hambrienta y hasta que aplaques esa hambre tendrá más fuerza que tu.- dijo con seriedad.
Apoyé las manos en la cama y me impulse, al pararme mi cuerpo se tambaleo un poco pero logro estabilizarse. Observe mis piernas pálidas, el vestido a penas cubría hasta mis muslos, desee coger algo para cubrirme pero simplemente mi cuerpo no me respondía. Parecía que Adamis estava decidida a ir de caza a pesar de que estuviera casi desnuda. Entonces, el pánico me entro, eso era lo que realmente pretendía hacer. Levante la mirada hasta observar los ojos del muchacho, vasto solo un segundo pero el me entendió. Se puso frente a mi en un instante y me tomo de los hombros haciendo que parara abruptamente. Mi cuerpo se movió tratando de zafarse pero él me tenia aprisionada con esas manos tibias y fuertes.
-      Mi nombre es Alaric protector de Odelis. Te ordeno que pares Adamis, Debra aun no esta lista. – hablo con voz imponente y mi cuerpo se paralizo.

Pero tengo hambre se quejo la voz femenina que ya me había hablado anteriormente. Primero deja que me vista le dije molesta y la voz no volvió a replicar. Alaric sonrió ligeramente, notablemente complacido por que Adamis le había hecho caso. Me soltó de su agarre y en un movimiento casi felino tomo la sabana de la cama y me tapo con ella. Lo miré con agradecimiento por lo que acaba de hacer. Pronto sentí como mi cuerpo perdía aquella fuerza que me mantenía parada. Mis piernas flaquearon ligeramente y sentí como me iba al suelo. Alaric me tomo de los codos para que no callera y me sentó en la cama como si fuera una muñeca de trapo.

-      Adamis no la dejes sola- regaño a quien estaba dentro mío.

No es mi culpa tengo hambre reclamó otra vez la voz pero esta vez se notaba mucho más débil que antes.

-      Tiene hambre.- dije en un susurro casi inaudible. No podía creer como las fuerzas se me habían ido tan rápido. Aquel hombre tenia razón, hablar agotaba. Alaric hizo una mueca de disgusto sin soltarme.
-      Planeaba explicarte tu nueva vida, pedir que te bañaras y que te arreglaras para ir a cazar pero supongo que han cambio de planes. Voy a traerte algo de ropa limpia y apenas estés vestida te llevare a un hospital.
-      ¿Hospital?- pregunte aturdida. Deja de hablar tonta. Hablar solo me cansaba más y eso no era buena.
-      Tienes que cazar a alguien, generalmente es alguien con mucha vitalidad pero estas muy débil para luchar así que tendremos que buscar a alguien moribundo que por lo menos te de un chance de tiempo para capturar a alguien más. – mis ojos se abrieron rápidamente, impactada por que comenzaba a entender. ¿Cómo había sido tan tonta? Consumir almas significaba matar a alguien. ¿Cómo…? Alaric toco mi rostro sin previo aviso, su mano acuno mi rostro como lo solía hacer la de Will. Un pinchazo de dolor hizo que cerrara los ojos y lo recordara con nostalgia, añorando su cálida mano en mi rostro.  
-      Deja de pensar en él, eso solo te hace más débil.- habló y me obligue a abrir los ojos. ¿Cómo hago eso si aun lo extraño tanto? ¿si aun lo amo?

Asentí con la cabeza poco convencida y me obligue a sacar a Will de mis pensamientos pero era tan difícil que sucumbí ante mi memoria y me deleite con su sonrisa, sus cabellos dorados y esos hermosos ojos azules. Aun no lo había olvidado, era imposible. Mi visión comenzó a volverse borrosa y solo sentí como volvía a caer en esa sensación de pesadez. ¡No! Por favor, no quiero regresar... Pero ya era demasiado tarde, la oscuridad volvió a engullirme.


Espero que les guste, como ya dije en Facebook, perdón por alejarme así de los blogs, es una parte importante de mi vida y decidido que por lo menos este verano va a estar abierto para todo publico con una nueva historia y nuevos relatos, escritos por mi en el tiempo de mi ausencia.